un teatro en el cerebro





¿De qué va esto?



¿Por qué demonios me dediqué al teatro y dejé una prometedora carrera de restaurantero de lado? Es lo que pasaba por mi mente, mientras veía por un costado del telón principal cómo entraba el público a un teatro con capacidad para mil doscientas personas (la verdad no lo llenamos, pero casi) Ver un teatro desde el lado del escenario es como ver a través de un vidrio polarizado. Una perversa y angustiante visión que te permite la oscuridad del escenario. La gente se acomoda en sus butacas, leen el programa de mano, platican con la persona que tiene a lado, buscan algo en el techo o miran su teléfono celular como si este fuera la receta mágica para aliviar ese incómodo momento de la espera, antes de que algo suceda, ya sea maravillarse… o aburrirse. Recuerdo perfectamente el olor del humo artificial, el sonido hueco de la música a un lado de las piernas del proscenio y cómo realicé mi ritual privado para entrar a escena. Con una seña, le hice saber a todo el equipo técnico que comenzaran la secuencia de luces, audio, multimedia y tramoya; caminé hasta la parte delantera del escenario, hice una pausa y vi al público. Yo supongo que la muerte debe ser algo similar, pero por la naturaleza misma del acto de morir no tendré tiempo de contarte si se parece o no, por lo pronto te puedo decir que ese momento en que escuché como casi mil personas dejaron de hablar para escuchar qué iba a decir, sentí un vértigo placentero que le dio sentido a mi vida, o por lo menos a ese presente. Las luces cambiaron en el tiempo que las había programado y escuché mi voz por el micrófono. Recuerdo que dije un chiste y la gente rió. Yo no era el protagónico de la obra, ni siquiera tenía un papel definido, en realidad me lo inventé, como me he inventado casi todo y es que en este oficio todo te lo inventas. Yo sólo tenía que dar el prólogo de la obra y hacer que la gente se riera un poco antes de que comenzara una obra que yo mismo escribí y dirigí. Esa noche, era una noche especial. Estaba en uno de los teatros más importantes de México y una de las obras más significativas de mi vida. Cuando terminé mi participación en el escenario y anuncié la tercera llamara, supe que sería una gran función y no me equivoqué. El público se emocionó, rio y lloró con la obra. Un éxito total podría decir, pero la verdad es que mi carrera en el teatro no ha sido especialmente “exitosa” En realidad puedo decir que es bastante “normal”. Unos cuantos momentos fantásticos, muchos fracasos y una inconmensurable terquedad. Pero cuando pienso en esa noche, pienso también en todo lo que es ser artista y en todos los asombrosos sucesos que lo rodean. ¿Cómo llegué hasta ese punto, cómo sucede la ficción, por qué nos gusta tanto, por qué nos emociona tanto, nos hace sentir tristeza, enojo, miedo, o felicidad y cómo fue que evolucionamos para hacer algo llamado ¡Teatro!?





Advertencia (para que luego no digan que no les dije) Este texto es una narración formativa personal y colectiva, porque un artista no se forma sólo, somos la mezcolanza de muchos maestros y experiencias y aunque tengo un deseo de dialogar con mis pares y colegas, sobre todo, quisiera enlazar con la gente que no se dedica profesionalmente al teatro, con quienes están siendo atraídos por dedicarse a la actuación y con quienes ya empezaron el largo viaje de estudiar este oficio viejo y fascinante. Colegas artistas, bajen sus expectativas académicas (si es que las tienen) y disfruten de un viaje en el que seguramente se encontraran en algún momento y para quienes no son profesionales. Sean bienvenidos al desfachatado striptease de una historia en el mundo de la ficción.